Angelina y Joel se conocieron cuando todo era más simple, en esos pasillos de colegio donde el tiempo parece eterno y las miradas dicen más que las palabras. No fue un flechazo de película ni un momento dramático — fue algo más callado, más verdadero. Algo en la forma en que él la hacía reír, en cómo ella lo entendía sin que tuviera que explicarse, hizo que lo que empezó como una amistad se convirtiera en algo imposible de ignorar. Un día comenzaron a salir, y ese día cambió todo.
Cinco años después, esos dos chicos del colegio se han convertido en algo que ninguno de los dos imaginó del todo en aquel entonces: en hogar el uno para el otro. Cinco años de crecer juntos, de descubrirse en lo cotidiano, de construir una intimidad que solo se logra cuando alguien te conoce en tus días buenos y en los difíciles, y elige quedarse. Y ahora, con la certeza de quien ya no necesita más pruebas, decidieron dar el paso. Porque después de todo este tiempo, la pregunta ya no es si quieren estar juntos — es cómo quieren estarlo para siempre.
Al inicio de un para siempre.